Poesía y más Poesía
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La Noche Buena
  
Balada

 


Manuel José Othón
 

                                               A Pepe Dávila

  
  
I
 

¡Qué frío en el campo!
¡Qué frío en la calle!
¡Qué frío en la tumba donde eternamente
reposan mis padres!
  
Los vidrios al soplo del cierzo se agitan.
Ni una hoja los bosques, el cielo ni un ave
¡Silencio!... Tan sólo se escucha el ruido
          del agua que cae.
          ¡Qué negro el espacio!
          ¡Qué triste la tarde!
¡Qué negro y qué triste el hogar vacío
donde sufro a solas mis presentes males!
   
          ¡Qué frío!... la noche
          se acerca insondable,
y los vientos mugen, y suena la lluvia
monótona y grave.
    
          Mi casa está sola,
          desierta la calle....
Todo está desierto, pero en mi alma llevo
          soledad más grande.
   
¡Ay! gritos del alma, gemidos ahogados
          en tumulto salen.
Es mi hogar tan solo, tan triste y tan frío,
          ¡qué haré sin mis padres!
   
          También están solos,
          más solos que nadie...
A mí me acompaña su santo recuerdo,
a ellos... ¡la oscura tiniebla insondable!

 
     
II
 

          Muy fría y muy triste
          la noche se acerca,
y juegos y cantos y gozo y bullicio
          se acercan con ella.
    
          Es noche de gozo,
          que en la noche negra
sin luz y sin fuego, muy solos, muy solos
          llorando se quedan.
  
No para el que siente la traidora espina
          de la duda acerba;
no para el que pasa gimiendo en su lecho
          las noches en vela.
    
          Para los que cantan,
          para los que juegan,
para los que tienen hogar y cariño,
          ésta es la noche buena.
   
          Pero es noche triste,
          pero es noche negra,
para mí, que llevo pedazos del alma
          en el alma muerta.
       

   
III
 

          Repican a vuelo
          todas las campanas.
Ha nacido el Niño, y el mundo y los hombres
          se alegran y cantan.
   
          Sus himnos benditos
          al cielo levantan
los pobres, los ricos, los siervos, los reyes
          que a su Dios alaban.
    
          La misa de gallo
          por fin ya se acaba,
y salen corriendo muchachos alegres
          que gritan y saltan...
   
          ¡Ay! también mi madre
          tan pura y tan santa,
en aquesta noche con todos sus hijos
          se regocijaba.
    
          Mi padre reía
          al ver dicha tanta
y juntos en uno todos nuestros rostros
          alegre besaba.
    
          ¿En dónde se encuentran...
          en dónde se hallan?
¡Ay!  Sólo esta idea oscura y sombría
          mi mente atenaza.
   
          ¡Qué frío! ¡Qué frío
          tendrán en su estancia!
¡Tan lóbrega y negra, tan sola y tan triste,
          de mí tan lejana!
   
          Estoy tan sombrío,
tan solo y tan triste, que ya tengo ganas
de hundirme en la sombra fatal de la muerte
          la muerte es la calma.
  
No gozo en la dicha que a todos rodea,
porque estoy ¡Dios mío! esta noche santa
          enfermo del cuerpo
          y enfermo del alma...
    
          Y en tanto a lo lejos
          siguen las campanas
repicando alegres, saludando al día
          primero de Pascua.
   
          ¡Ha nacido el Hijo
          de la Virgen Santa!
Niño... ¿por qué un rayo de tu lumbre pura
          no das a mi alma?...

     
    
IV
 

          La noche se acaba
          y la lluvia cae,
y el viendo se agita mugiendo terrible
          por plazas y calles.
  
          Aún no he conseguido
          en mis soledades
que lágrimas puras del fondo del alma
a mis ojos broten, a mis ojos salten.
  
          Me hielo de frío...
          ¡No hay nadie, no hay nadie,
que con su cariño, que con sus amores
          venga a calentarme!
    
          ¡Pobres marineros!
          ¡Pobres caminantes!
¿Qué haréis esta noche por montes y campos,
          qué haréis en los mares?
    
          También soy viajero
          y soy navegante...
y temo a los vientos que arrasan las selvas,
y en el mar agrupan las olas gigantes.
    
          Cuando sobre mi alma
          todos se desaten
¿qué haré con estas breñas y en este océano?
          ¿qué haré?... ¡resignarme!
   
          Mas no se resigna
          mi alma cobarde
a que tengan frío en su helado lecho
          mis dormidos padres.
   
          Dormidos... ¡No muertos!
          Hoy les llamo en balde...
La muerte es sombría, la tumba es oscura,
          ¡pero Dios es grande!
   

                                                     [1882]


 

  


Manuel José Othón (México, 1858-1906)
  
Tomado de:
Manuel José Othón
Obras Completas I

   Colección Letras Mexicanas
Fondo de Cultura Económica
México, 1997, 573p. (pp. 236-241)

Enlaces a la obra y biografía del poeta:
  
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Poemas y biografía:
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Libro Completo "Poemas rústicos” en ILCE:
http://lectura.ilce.edu.mx:3000/sites/fondo2000/vol1/poemas/portada.html
 
MJO Dramaturgo:
http://www.jornada.unam.mx/1999/jun99/990628/cul-othon.html
 
Sobre Manuel José Othón
"Más pronto cae un hablador que un cojo":
http://www.cnca.gob.mx/cnca/nuevo/diarias/100898/alfilode.html
 
Más sobre Manuel José Othón:
http://www.jornada.unam.mx/1998/jun98/980614/sem-campos.html

  
 

  


  

  

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23 de diciembre de 2002